Depresión invernal

Época de paradojas: la felicidad rutilante impuesta como paradigma es contrapuesta a la depresión que aparece a finales de otoño y sólo logra desvanecerse en verano.
Prohibido suicidarse en primavera, de Alejandro Casona, es una obra de teatro que se adentra en las fauces de la depresión, la enfermedad mental caracterizada por pérdida de energía, cambios en el apetito, necesidad de dormir más o menos de lo normal, ansiedad y disminución de la concentración.
No es tristeza perenne. Es desapasionamiento y carencia de sentido. Es asumir que en la vida real el placer no existe. Tal depresión se exacerba en esta época, en la que las noches son más largas y se marca el fin de un ciclo. También se multiplican compromisos sociales, se trata de reducir nuestras experiencias a estandarizados esquemas de felicidad, amor y celebración, muchas con un alto sentido consumista.
La neurociencia atribuye gran parte del trastorno afectivo estacional a la falta de luz afecta la parte del cerebro que controla sueño, apetito, deseo sexual, estado anímico y actividad. Sus consejos para lidiar con la depresión van desde tomar el sol, hacer actividad física, establecer interacciones con otros, mantenerse en tiempo presente, recordar momentos felices y forzarse a tomar decisiones, por mínimas que sean.
Pragmáticamente si puede “agendarse” la felicidad. Se requiere anotar día a día las actividades que deben realizarse. Entre mayor es la renuencia para iniciar actividades, más detallada será la lista de actividades a cumplir. Incluso puede ser tan minuciosa como enlistar todo el proceso de limpieza y cuidado personal del día.
Esta simple acción logra mantenernos en el presente, da sentido a lo que hacemos y disciplina nuestro cerebro. También posee una magia particular: hace valer nuestra palabra con nosotros mismos. Nos confiere el don de creer en lo que decretamos.
Beber al menos dos litros de agua al día reduce ansiedad y depresión. Nos vuelve más proclives a la felicidad. Además, echarse agua fría de golpe en la cara ralentiza el ritmo cardíaco y estimula indirectamente el nervio vago que se encarga de disminuir la frecuencia cardíaca y regular la respiración.
Fotografías de seres que amamos en el escritorio, escuchar música y tener flores son recursos usuales para estar bien y desestimar el acecho de la depresión. La música, por ejemplo, activa la mayor parte del sistema límbico, el principal responsable de la vida emocional.
Ahora, existen tres acciones fundamentales para evitar la depresión: respirar largo y profundo para calmarnos y rápidamente para generar más energía, agradecer nuestras circunstancias y vidas, los recuerdos y seres amados que están y estuvieron en nuestra vida, los logros, la familia y amigos… la tercera acción fundamental en la felicidad es sonreír. Hacerlo inclusive frente al espejo.
Pero no puede enunciarse una serie de consejos para desalentar la depresión sin lo más importante: la oración o conversación don Dios, cualquiera que sea el nombre que le adjudiquemos. No se trata de repetir palabras hilvanadas por otros para acercarnos al Principio. Es una conversación con nuestro lenguaje, sin rituales. Es hablar con la eterna luz que siempre está con nosotros.
La oración fortalece y nos permite acendrar nuestra unicidad y las decisiones sobre el uso de nuestro tiempo, expectativas y recursos. Nos confiere una ilimitada libertad y permite escabullirnos de la depresión invernal y del Blue Monday o día más triste del año. ¿La base científica de esto? Representa el soliloquio más sólido y conscientización. Es estar dispuestos a abrazar la felicidad.