Cuando la discriminación nos atrapa

Bajo el miedo emerge el rechazo y la discriminación a quien presenta discapacidades físicas, sensoriales, intelectuales o psicosociales. Nos aterran las diferencias en la forma de comprender, accionar e interactuar con el mundo. Representa una nueva forma de mostrarnos una realidad y mirar en el otro la propia vulnerabilidad.
Socialmente rehuimos a quien presenta discapacidad. En el trabajo pasamos de microagresiones a franco rechazo. Es una tendencia que crece a nivel mundial.
En México, aproximadamente 5.69% de la Población Económicamente Activa (PEA) tiene alguna discapacidad. Esto representa a alrededor de 7.2 millones de personas en total.
A pesar de las leyes que prohíben la discriminación, muchas personas con discapacidad aún enfrentan prejuicios y estigmas sociales que limitan sus oportunidades laborales.
No solo la falta de infraestructura accesible en muchos lugares de trabajo dificulta la movilidad y el desempeño de tareas para personas con discapacidades físicas. También se carece de políticas inclusivas, capacitación y formación y acceso a empleo digno.
Todo esto permite que se perpetúen los comentarios condescendientes y la exclusión social.
A veces es sugerir constantemente ayuda cuando no es solicitada, lo cual puede ser percibido como una falta de confianza en sus habilidades.
Pero también existe discriminación salarial, acoso o intimidación o despedidos injustificados.
Estas formas de agresión pueden tener un impacto negativo significativo en la autoestima, salud mental y el bienestar general de las personas con discapacidad.
La discapacidad también está asociada a la discriminación silenciosa. Es decir, aquella aparentemente soterrada e inocua que también daña.
Es la disfrazada de preferencia por candidatos “encajables”, invisibilización de aportes y logros, diferencias en la asignación de oportunidades de crecimiento, exclusión en dinámicas laborales informales o microagresiones basadas en el género.
Es la asignación de tareas según estereotipos, falta de representación en liderazgo, expectativas de desempeño diferenciadas o lenguaje excluyente en la comunicación interna.
Son, en suma, conductas que muestran sesgos, inequidad y desprecio. Son las creaturas del miedo, de horrorosos seres que nos impiden el respecto y la validación a la otredad.
Las empresas que fomentan la discriminación, desprecian las oportunidades de respeto, crecimiento y aportaciones que se pueden generar en ambientes dignos e inclusivos. Las cifras son contundentes: 33% menos innovaciones, 72% menores infraemprendimientos, 80% mayor rotación de personal.